En la vejez Las condiciones de desgaste físico, psicológico y vital son más evidentes pues estas personas se ven enfrentadas a los cambios biológicos como la decoloración del cabello, la incapacidad para comer, caminar, hablar, oír bien; y es difícil vivir en esas condiciones porqué vivimos en un país donde al parecer no hay espacios donde el adulto mayor pueda disfrutar de su tiempo, pueda ser útil en una sociedad que los ve como “viejos inútiles” y psicológicamente se sienten rechazados, aislados enfrentando las soledades que les produce vivir esta etapa de su vida.
En muchas ocasiones la familia los deja los despoja de sus pertenencias, de su casa les quitan autoridad y les pierden el respeto; nuestro medio se le ha olvidado que seremos una sociedad de viejos, porque hoy día la sociedad ha disminuido su número de hijos, y por tanto la población de jóvenes y niños disminuirá a diferencia de los núcleos familiares de hace unas dos décadas donde la familia se ufanaban de contar con 8,9,10 hijos como el caso de las regiones paisas y para ello no nos hemos preparado retomando los valores como la sabiduría que se concede al viejo, la autoridad con el famoso “patriarca”; parece contradictorio frente a la modernidad que las sociedades antiguas e incluso las tribus el viejo ocupaba un lugar preponderante dentro de su legado del saber, dentro de su imagen de respeto, de idoneidad, recordemos los famosos consejos de sabios por quienes estaban organizados? Por los famosos viejos de la ley. A diferencia de nuestras actuales sociedades donde se venera la juventud, la belleza física, olvidándose de todo el legado intelectual que puede dejar una persona mayor dentro de su edad dorada, su aporte a la ciencia, a la sociedad, y a la familia. Más bien parece que el mundo ha acelerado , la rapidez de la tecnología y el cambio de valores ha abierto una brecha generacional donde la familia y la sociedad son los mayores protagonistas del abandono y falta de reconocimiento del viejo a diferencia de sociedades avanzadas donde una persona jubilada que ha entrado en la adultez mayor puede estudiar, trabajar, y dedicarse incluso a la labor científica, vale decir no termina siendo un ser inactivo sino participativo con el apoyo de los otro y no con la extrañeza de una sociedad que solamente da espacio al joven. Y por consiguiente este último es incapaz de reflexionar para tener una mirada más positiva del viejo y lograra aprender de su sabiduría para establecer una cadena de encuentro donde sus experiencias y saberes no se pierdan.
No olvidemos que “hay más de una manera de una manera de envejecer bien”
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